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Puerto de la Cruz se sitúa en el norte de la isla de Tenerife, en el Valle de La Orotava, junto a los municipios de Los Realejos y de La Orotava.
Tiene una extensión de 8,73 km², es el más pequeño de las Islas Canarias, y una población de 31.131 habitantes (INE,
enero de 2007). Su altitud es de 9 metros sobre el nivel del mar y su
punto de mayor altura es el cono volcánico de Las Arenas (o montaña de
la Horca), con 249 metros.
Es uno de los centros turísticos más importantes de Canarias, siendo la procedencia común de los visitantes la península Ibérica, Reino Unido y Alemania.
Sus habitantes son conocidos como portuenses, y en algunos casos se les generaliza como ranilleros, pero originalmente este gentilicio pertenecía solamente a los del Barrio de la Ranilla dentro del mismo pueblo y de fuerte tradición pesquera.
Además del casco urbano del Puerto de la Cruz, el municipio cuenta
con barrios como el de Punta Brava, La Vera, San Antonio, el Durazno,
etc.
Los orígenes de la ciudad se remontan a principios del siglo XVI,
pues ya en 1502 existía actividad portuaria en el litoral portuense, si
bien el núcleo de población dependía de La Orotava.
Es en 1603 cuando se decide señalar un lugar concreto en el Puerto de
la Cruz donde levantar una iglesia y su correspondiente plaza.
A mediados del siglo XVII los vecinos comenzaron a manifestar su
voluntad de constituirse en un lugar diferenciado, recibiendo la Real
Provisión de Felipe IV el 3 de mayo de 1651, lo que les facultaba para
nombrar alcalde pedáneo.
Hasta 1772 perteneció al municipio de La Orotava bajo la denominación Puerto de la Orotava.
Aunque en ese año se procedió a la elección de una corporación
municipal elegida por los vecinos, no sería hasta 1808 cuando se
obtendría una autonomía municipal plena, cambiándose en ese momento el
nombre al actual de Puerto de la Cruz.
En su origen fue un poblado de pescadores que fue creciendo a medida
que se incrementaba el comercio local. El puerto se convirtió en el más
importante de la isla cuando una erupción volcánica destruyó el de Garachico en 1706. El comercio del azúcar dio paso al del vino, estableciéndose en ésta época un gran desarrollo social y económico.
El turismo comienza a tener un peso importante en la economía local
a finales del siglo XIX. Fue en aquellos años cuando se construyó el
Gran Hotel Taoro y comenzaron a remodelarse antiguas casas familiares,
como Marquesa o Monopol, para transformarlas en los primeros centros
hoteleros de la ciudad. Finalmente, la auténtica explosión turística
llegó en los años 50 del siglo XX, cuando la ciudad comenzó su
transformación para convertirse en referente turístico de la isla y
todo el archipiélago.
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